Una encuesta realizada por un comparador de seguros británico demuestra que casi un 25% de los conductores del país ha puesto algún nombre a su vehículo. La práctica, también cuenta con adeptos en el mundo de las celebrities.
Podría parecer una práctica queda reservada a personas poco cuerdas, pero nada más lejos de la realidad. Poner un nombre a nuestro coche es un ejercicio cada vez más habitual –especialmente entre los hombres– y ayuda a crear un vínculo particular con nuestra máquina, al ser un objeto que cuidamos con delicadeza, y hace que la elevemos a cotas casi humanas.
Así se desprende de un estudio elaborado en Reino Unido por el comparador de seguros Confused.com, que revela que más de una cuarta parte de los conductores británicos afirma tener un apodo para su vehículo, siendo “Charlie” y “Ruby” los más comunes. Algunos van incluso un poco más allá y casi un 33% confirma hablar habitualmente con su coche al considerarlo “como parte de la familia”.
Pero no sólo el ciudadano de a pie se identifica de una manera personal con su automóvil. Algunas de las celebridades más conocidas a nivel mundial también acostumbran a designar de una manera especial sus modelos. El mismísimo Barack Obama afirma dirigirse a su Ford Escape híbrido con el apelativo de “La Bestia” mientras que la cantante Lady Gaga hace lo propio con su Rolls Royce al que ha bautizado como “Bloody Mary”.
Personajes vinculados con el mundo del motor también se han sumado a la iniciativa. El piloto de Fórmula 1 Sebastian Vettel llama a su coche de competición “Kinky Kylie”, la poseedora de una escudería de motociclismo, Paris Hilton, personaliza su Bentley con el nombre de “Lady Penélope” y el presentador del programa automovilístico Top Gear mantiene alguna que otra conversación con sus dos Land Rover “Gertie y Buster”.
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