Una pequeña empresa alemana acaba de presentar el Ari 902, el autodenominado vehículo comercial eléctrico más pequeño del mundo.
En los últimos tiempos, estamos acostumbrados al lanzamiento de nuevos coches eléctricos de pequeño tamaño que vienen de China, pero Europa también existe.
Prueba de ello son empresas automovilísticas como Ari Motors, una compañía alemana que está especializada en fabricar vehículos comerciales de reducido tamaño y enfocados a tareas eminentemente urbanas.
200 km de autonomía y 766 litros de capacidad de carga

La última incorporación a su gama no es precisamente una furgoneta, sino que es más un utilitario, eso sí, eléctrico y con un enfoque comercial. Bautizado como Ari 902, sus dimensiones son muy contenidas: mide menos de 3 metros, exactamente 2,97 m.
Esto no impide que este biplaza cuente con un espectacular espacio de carga de 766 litros de capacidad. Sin embargo, todo ese espacio de carga no se traduce realmente en capacidad de carga útil, pues solo puede cargar hasta 190 kg.
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Está más pensada para transportar flores, pizzas y pequeños paquetes que ladrillos y cemento. Su motor eléctrico de 20 CV (15 kW) no hará que el coche bata ningún récord de velocidad, pero junto con la batería incorporada proporciona hasta 200 km de autonomía, lo que es una de sus grandes virtudes.
Aunque el Ari 902 está diseñado desde cero como un comercial de reparto, no escatima en equipamiento. Dispone de una pantalla de instrumentos digital e incluso cámara de marcha atrás.

Opcionalmente, puede incorporar aire acondicionado, dirección asistida, sistema de reconocimiento de señales de tráfico y un asistente de mantenimiento de carril. La lista de equipamiento adicional continúa con bacas, techo de cristal y un panel solar.
El Ari 902 parte de los 13.990 euros para el modelo básico. La versión Comfort, la más alta de la gama, sube el precio a 16.190 euros y, con todas las opciones, roza fácilmente los 17.000 euros.
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Según la compañía, no se trata de un precio de derribo, pero su gran ventaja es lo que ahorra a su poseedor, pues, sus costes de funcionamiento son mucho más bajos que el de otros vehículos y su sencillez significa que arreglarlo cuando se estropea no supone un gasto desorbitado.



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