
En contra de lo que podamos pensar, el usuario finalmente opta por adquirir coches eléctricos de gran tamaño, con precios elevados. Pero, ¿es una elección personal o está dirigida por los propios fabricantes?
Desde su popularización, una de las grandes críticas vertidas sobre los eléctricos ha estado relacionada con el precio. Como toda nueva tecnología, es comprensible que las tarifas de sus modelos se movieran en espectros altos pero ahora con el paso del tiempo son muchos usuarios los que siguen quejándose de que algunos vehículos cero emisiones se escapan de sus presupuestos, sobre todo teniendo en cuenta el dato de autonomía que ofrecen.
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En este aspecto, hay algún fabricante que ha puesto el foco en los estratos más bajos económicamente hablando y ya son varios los modelos que están por debajo de los 20.000 euros. Una tendencia que podría continuar gracias, por un lado, a la bajada de precios realizada, entre otros, por Tesla o al auge de los fabricantes chinos. Sin embargo, si haces memoria y te pones a recordar qué coches eléctricos has visto en la última semana, seguramente que un alto porcentaje de los mismos corresponde con segmentos altos, o lo que es lo mismo, con modelos que están en el ámbito de los 40.000 euros o que incluso los superan.
Resulta que esto no es una percepción, es una realidad según el último análisis elaborado y publicado por Transport & Environment (T&E). En él, la primera conclusión que sacan es que son los propios fabricantes los que están frenando la adopción del vehículo eléctrico al priorizar las ventas de coches más grandes y caros en lugar de alternativas más pequeñas y económicas.
¿Les puede la avaricia?

Una polémica afirmación que hacen basándose en los datos recogidos en los últimos meses y que contemplan que entre el 2018 y 2023, de los más de 100 coches cero emisiones que se han lanzado al mercado, solo 40 corresponden con los segmentos A y B, los más económicos teóricamente, frente a los 66 que pertenecen a los segmentos D y E. Para que dejes de hacerte un lío con las letras, algunos modelos que forman parte de dos primeras categoría serían el Dacia Spring, el Peugeot 208 o el Jeep Avenger, mientras que en las otras dos estarían los KIA EV6, Audi Q4 e-tron o Ford Mustang Mach-e, por citar algunos.
Ello provoca que solo el 17% de los coches eléctricos que se venden en Europa corresponde, por ejemplo, con el segmento B, el de los utilitarios, frente al 28% del segmento D. Datos que son más flagrantes si los comparamos con sus hermanos de combustión pues el segmento B representa el 37% del mercado, mientras que el D se queda tan solo en un 13%, según los datos recogidos por Dataforce.
Circunstancia que no tiene visos de cambiar acorde a lo relatado en el informe ya que tomando como referencia los datos de producción de GlobalData, de los modelos de menos de 25.000 euros previstos por los fabricantes de automóviles, es probable que únicamente produzcan 42.000 vehículos para el mercado europeo este año. Algo preocupante principalmente para el bolsillo del usuario que ve cómo desde 2015 el precio medio de un coche eléctrico ha aumentado en Europa nada menos que 39%, lo que convertido en metal serían hasta 18.000 euros, frente a la caída del 53% ocurrida, por ejemplo, en China. El principal motivo de esta diferencia es que los fabricantes europeos se han centradom desproporcionadamente en los coches grandes y los SUV, que conllevan en muchos casos un sobreprecio por ser considerados segmentos Premium.
La importancia de la fiscalidad

En el lado positivo de la balanza tenemos los datos ya que a pesar de la falta de modelos asequibles, la cuota de mercado de los coches eléctricos en la UE ha seguido creciendo en 2,5 puntos porcentuales, hasta alcanzar el 14,6% en 2023, el cual podría ser incluso del 22% si el segmento de los vehículos de empresa, que representa la mayor parte de las ventas de coches nuevos, estuviera liderando la electrificación, según el análisis de T&E. En la actualidad, con una adopción eléctrica del 14%, el sector empresarial va a la cola del mercado privado (15%).
En este sentido, el estudio de T&E también apunta que la fiscalidad desempeña un papel importante a la hora de incentivar la adopción del coche eléctrico. En España se está planteando la posibilidad de sustituir las ayudas del plan Moves por un paquete de medidas fiscales, lo cual supondría una oportunidad para abaratar el precio de compra de los vehículos 100% eléctricos de manera más directa. El establecer objetivos vinculantes de electrificación para las flotas de las empresas también será clave para acelerar la electrificación en Europa, por lo que T&E pide a la UE que establezca objetivos para que las nuevas adquisiciones en las flotas sean 100% eléctricas a más tardar en 2030. A este respecto, la Comisión Europea ha abierto una consulta pública sobre la descarbonización de los vehículos de empresa.



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