
Las compañías petroleras llevan años desarrollando nuevos combustibles renovables para lograr la neutralidad de carbono sin necesidad de electrificar el 100% del parque circulante. Algunos ya están en la calle...
Una de las barreras de los coches eléctricos y electrificados, sin duda, es su elevado precio, pero hay otras no menos importantes como la infraestructura de carga o el propio tiempo necesario para obtener la máxima autonomía. Por eso, entre otras cosas, se antoja prácticamente imposible imaginar a corto o medio plazo un parque automovilístico europeo o español mayoritariamente eléctrico. No obstante, gracias a la labor de investigación y desarrollo que llevan a cabo compañías petroleras como Repsol, será posible seguir conduciendo vehículos de combustión acercándonos cada vez más a la tan ansiada neutralidad de emisiones.
Si conduces un coche diésel, esto es lo que te espera en los próximos meses
Un buen ejemplo de estos combustibles renovables es el que ha podido probar esta misma semana Marc Márquez en el Circuito del Jarama. Las competiciones no están exentas de las medidas medioambientales y, dado que también deben garantizar la sostenibilidad, MotoGP pasará a usar en 2024 un carburante compuesto con nada menos que el 40% de biocombustible, una cifra que llegará a ser del 100% en 2027. Lo mejor de todo es que, además del inmenso beneficio que supondrán para nuestro planeta, estos carburantes no implicarán ninguna diferencia perceptible para el usuario ni un desgaste adicional en las piezas y componentes mecánicos.
Combustibles sostenibles para reducir emisiones

En palabras del ocho veces campeón del Mundo, es imposible apreciar alguna diferencia en cuanto a prestaciones entre esa primera evolución salida del Repsol Technology Lab de Móstoles y el carburante actual que utiliza su moto. Lo mismo ocurrirá en nuestros coches cuando lleguen a las gasolineras… que llegarán no tardando mucho. De hecho, ya están en marcha las construcciones de la primera planta de biocombustibles avanzados de España, que estará en Cartagena, y de una de las mayores plantas del mundo de combustibles sintéticos en Bilbao. La inversión total supera los 300 millones de euros, pero serán esenciales para que los motores térmicos no desaparezcan.



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