
Los conductores del Gigante Asiático prefieren un eléctrico “Made in China” antes que uno alemán de alta gama a mitad de precio.
Fue a mediados del año pasado cuando Mercedes-Benz inició la venta de sus modelos eléctricos EQE en China, con precios desde 64 mil euros. Pues bien, en los dos últimos meses de 2024, se han vendido un total de cero Mercedes EQE en China. Incluso con descuentos del 50%, el fabricante alemán ha contemplado una caída en picado de sus ventas de eléctricos en el Gigante Asiático.
Y hablando de la línea EQE de Mercedes, este modelo comenzó a venderse en China por alrededor de 528.000 yuanes (70.000 euros). Pues bien, aún con el descuento que sitúa al modelo en 30.000 euros, ningún cliente chino lo quiere. Sin embargo, modelos como los de BYD, gustan mucho más y se encuentran entre los favoritos por los usuarios, llegando a venderse una media de 100.000 unidades a la semana.
Esta situación refleja un cambio drástico en las preferencias del consumidor chino, que ahora prioriza vehículos eléctricos locales por su avanzada tecnología, diseño adaptado al mercado y, además, precios competitivos.
Marcas como BYD, NIO y XPeng se han hecho hueco y han logrado consolidarse como líderes en el sector de la movilidad eléctrica, gracias a su rápida innovación en baterías de larga duración, integración de software avanzado y un enfoque en sostenibilidad que resuena con las prioridades de los compradores chinos.
El problemón que enfrentan las marcas alemanas

Por otro lado, los fabricantes alemanes han sido percibidos como menos ágiles para adaptarse a las demandas del mercado chino. Modelos como el Mercedes EQE, a pesar de su prestigio global, no logran competir con los vehículos eléctricos chinos, por ejemplo, en términos de autonomía, tecnología de conducción autónoma y conectividad digital, aspectos muy valorados por los conductores chinos.
Además, las políticas gubernamentales chinas han jugado un papel crucial en impulsar las marcas locales, ofreciendo incentivos realmente interesantes y ampliando las infraestructuras de carga a lo largo y ancho de todo el país.
Esta combinación de apoyo estatal y competitividad tecnológica ha dejado a los fabricantes alemanes contra las cuerdas, luchando por mantenerse relevantes en un mercado cada vez más dominado por las marcas locales.
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