
La DGT no da una edad específica para dejar de conducir, pero existen señales que pueden indicar la necesidad de dejar de ponernos al volante.
La Dirección General de Tráfico (DGT) no establece una edad específica para dejar de conducir, aboga por una evaluación individualizada de las capacidades de cada conductor, aunque echando mano de varios estudios apunta cuál es el mejor momento para no ponerse al volante.
A partir de los 65 años, los conductores en España deben renovar su permiso de conducir cada cinco años, en lugar del período estándar de diez años para conductores más jóvenes. Esto es indicativo de que estamos ante una edad en la que nuestra capacidad para conducir puede verse resentida.

Durante el proceso de renovación se realizan evaluaciones psicofísicas específicas que analizan aspectos como la agudeza visual, el campo de visión, la audición y los reflejos, con el objetivo de garantizar que los conductores más veteranos mantengan las condiciones óptimas para la conducción segura. En casos donde los resultados de estas pruebas no sean satisfactorios, la DGT puede acortar el período de validez del permiso a tres años o incluso menos.
Como decimos, no hay una edad específica para dejar de conducir, pero existen señales que pueden indicar la necesidad de ver si es adecuado que sigamos al volante.
Entre ellas destacan la disminución de la capacidad de reacción, los problemas de visión o audición, la dificultad para concentrarse o, simplemente, la pérdida de confianza al volante, reflejada en sentimientos de inseguridad o ansiedad al conducir, especialmente en situaciones complejas como conducir de noche o en condiciones climáticas adversas.
Cuando empiezan a aparecer estos síntomas, es el propio conductor el que debe reflexionar y valorar dejar de conducir. Esto no es un proceso fácil, pues abandonar el volante puede tener un impacto significativo en la autonomía y calidad de vida de las personas mayores.
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La movilidad es fundamental para mantener la independencia y su pérdida puede afectar negativamente la salud mental y emocional. Por ello, se recomienda que la decisión de cesar la conducción se realice de manera gradual y planificada, buscando alternativas de movilidad y apoyo emocional para mitigar el impacto.
Al hilo de esto, Jesús Monclús, director de Prevención y Seguridad Vial de Fundación MAPFRE, apunta que los conductores mayores no son intrínsecamente peligrosos debido a su edad; de hecho, muchos demuestran ser más prudentes y experimentados al volante, lo que puede actuar como un factor de protección siempre que se mantenga una salud adecuada.


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