Este bólido pionero vuelve a estar listo para rodar a toda velocidad. Se trata del "Green Monster", una bestia con un motor de más de 12 litros de cilindrada que ruge con un sonido atronador y que es el automóvil más brutal jamás creado por Opel.
El 1 de septiembre abre sus puertas el Rømø Motor Festival y es la excusa perfecta para que Opel le saque el polvo del museo a un automóvil excepcional: el “Green Monster” (Monstruo Verde), que volverá a rodar a toda velocidad por una pista más de un siglo después.
Presentado en 1914, el Opel Green Monster era un bólido destinado a batir récords de velocidad, una modalidad deportiva muy en auge en los inicios del automovilismo.
Después de que en 1909 el Blitzen Mercedes superase la mítica barrera de los 200 km/h, el listón se fue poniendo cada vez más alto y multitud de pilotos y mecánicos se lanzaron a crear verdaderos engendros, chasis más propios de camión que de automóvil sobre los que se montaban enormes motores, la mayoría provenientes de la aviación.
El Monstruo Verde de Opel monta un gigantesco motor de 4 cilindros con un cubicaje total de nada menos que 12,3 litros de cilindrada, 10 veces más grande que el motor de un Opel Crossland X actual. Pese al arcaico aspecto de su mecánica, se trataba de un concepto muy avanzado en su época y ya contaba con 4 válvulas por cilindro y era capaz de entregar 260 CV de potencia, una cifra asombrosa hace más de un siglo.
Aunque no giraba a regímenes muy elevados, apenas 1.000 rpm, la enorme carrera de sus gigantescos cilindros hacía que la velocidad lineal de sus pistones fuese de nada menos que 24 metros por segundo, una barbaridad. Para hacernos una idea, esta cifra es más o menos la que alcanzan los pistones de los Fórmula 1 actuales, diseñados por complejos ordenadores y fabricados en aleaciones ultraligeras que hacen que un pistón de un Fórmula 1 actual pese más de cien veces menos que los de esta mole de Opel.
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Un motor de semejante tamaño, peso y potencia tiene que ir montado sobre un chasis capaz de soportarlo. En aquellos años era frecuente utilizar bastidores de camiones o de autobuses para lograrlo. En este caso, el Monstruo Verde de Opel se sustenta sobre dos robustas vigas de acero con travesaños a los que se ancla el motor, el asiento del conductor y unas arcaicas suspensiones de ballestas para los dos ejes rígidos.
Destinado a batir récords de velocidad, lo más importante era mantenerlo estable en línea recta, algo muy complicado si tenemos en cuenta que este tipo de carreras no se hacían sobre una superficie asfaltada como una alfombra como en la actualidad, sino sobre pistas improvisadas sobre la arena de alguna playa o similar, y así volverá a ser mañana, aunque no se pretende que vuelva a superar los 200 km/h.
Se trata de una pieza única muy valiosa y tampoco hoy en día es fácil encontrar un piloto lo bastante temerario como para arriesgar su vida intentando alcanzar una velocidad que, actualmente, está al alcance de un sencillo Opel Astra.
Las carreras comienzan en la playa de Lakolk a las 10 de la mañana – al igual que hace casi 100 años recorriendo un octavo de milla (205 m). El lugar es perfecto para el renacimiento de unas carreras legendarias con una superficie amplia y plana de arena casi tan dura como una piedra directamente en la costa y con los espectadores que también reviven los “dorados años veinte” con su ropa y accesorios.
Este es el ambiente adecuado para que el “monstruo verde del cubicaje” de Rüsselsheim, que rememora las pasadas victorias en las carreras de playa de aquí y que ha vuelto para continuar la tradición.



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