
Así lo dejó entrever el CEO de la compañía en la presentación del Terramar 2024. Te contamos sus motivos a continuación.
En el marco de la presentación del nuevo Cupra Terramar 2025, un modelo de suma importancia para la marca española ya que se inscribe en el segmento de mayor demanda comercial del momento, los C-SUV, al tiempo que se ofertará con alternativas mecánicas electrificadas, su CEO, Wayne Griffiths aprovechó para lanzar un menaje de preocupación. Y es que la imposición de los aranceles a los coches eléctricos chinos o fabricados en China ha supuesto un duro revés para los objetivos de la firma nacional ya que el reciente Tavascan se produce en la factoría de Anhui propiedad de Volkswagen.
De esta forma y al igual que ocurrió con fabricantes como BYD, SAIC o Geely, Cupra de repente se vio con una tasa arancelaria impuesta del casi el 37,6%, es decir, la máxima de la primera hornada que, posteriormente, fue rebajada al 21% tras el reajuste realizado por la Comisión Europea. Sin embargo, dichos aranceles provocan que la empresa “corra peligro” como bien confirmó el propio Griffiths, puesto que si se mantienen los aranceles para el Tavascan, por cada coche que vendan estarán perdiendo dinero, lo que afectará el cierre de cuentas de este 2024: “Estos aranceles estaban teniendo el propósito de evitar que viniese una avalancha de coches baratos de China, coches chinos, de marcas chinas, nuestro coche no es barato, es una marca europea, es un diseño europeo”, defendió.
Se mantendrá en China

En este sentido, ha avanzado que están en conversaciones con el Gobierno de España y con la Unión Europea para encontrar una solución individual para su situación especial, como la de bajar o suprimir el porcentaje actual del 21% de aranceles, algo con lo que Griffiths se ha mostrado confiado.
Para finalizar, el CEO de Cupra y Seat también alertó de que los aranceles pueden afectar a la fabricación: “Tendríamos en el peor de los casos, que reducir la producción de los coches que fabricamos en España, para llegar al nivel de CO2 que tenemos que cumplir”, en referencia a las normativas europeas. Ante la posibilidad de trasladar la producción del Tavascan a Europa, como ya ocurre con los ID.4 o Enyaq, Griffiths ha rechazado la idea porque ya han invertido en China y “doblar las inversiones sería muy difícil para hacer rentable el proyecto”. Del mismo modo, ha rechazado la idea de subir el precio del vehículo, que actualmente se sitúa en unos 52.000 euros.



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Por eso van a ir a la quiebra el ansia por ganar dinero fabricando con mano de obra barata y con legislaciones que no limitan las emisiones y uso de sustancias nocivas. Europa se ha realizado el harakiri poniendo metas estupidas y pasando la producción a Asia, dejando a sus países sin trabajo.