
Los valores de la mayoría de fabricantes de automóviles han sufrido fuertes pérdidas tras la elección de Donald Trump como presidente de los EE.UU. y ven con recelo las posibles consecuencias que sus políticas puedan acarrear.
La industria del automóvil no gana para sustos en los últimos tiempos. Apenas ha pasado un año desde el escándalo del Dieselgate de Volkswagen y sus valores vuelven a caer en picado tras la elección de Donald Trump como presidente de los EE.UU.
Aunque podamos pensar que los más afectados sean los fabricantes americanos, en un mercado global como el actual las consecuencias de las políticas populistas de Trump salpican también a este lado del Atlántico, donde compañías como BMW han invertido importantes sumas de dinero en factorías en México.
Entre las marcas americanas la que podría resultar más afectada es Ford, a quien Trump amenazó directamente durante su campaña con imponer severos aranceles fiscales para sus coches producidos al otro lado de la frontera con México. De llevar a cabo esta medida, el precio de los modelos que la compañía produce fuera de los EE.UU. se vería incrementado alrededor de los 4.500 euros, lo que supondría una importante pérdida de ventas para la marca.
Ford no es la única perjudicada. La mayoría de la industria del sector, tanto las propias marcas como sus proveedores, han basado gran parte de la rentabilidad de su negocio en mantener unas líneas de comercio lo más abiertas posible con China y México. Las medidas propuestas por Trump para proteger su mercado interno echarían por tierra toda esta labor.
Bill Ford recordó a Trump que, pese a que cuenta con centros de producción fuera del país, su compañía es la que más puestos de trabajo genera de la industria en los Estados Unidos de América, aunque entre 1994 y 2013 se ha reducido un tercio el número de empleos en el sector en los EE.UU., mientras que en México han aumentado más del cuádruple.
Para hacernos una idea de la relevancia de México en la industria del automóvil, en 2015 el 20% de los vehículos fabricados en América del norte se llevó a cabo allí y la tendencia prevista era incrementarlo todavía más, pero la elección de Trump puede llevar a tener que cambiar de rumbo un barco con una inercia enorme.
General Motors ya ha hecho público su interés en mantener una estrecha colaboración con el nuevo presidente para mejorar la rentabilidad de la manufactura en los EE.UU. y poder potenciar sus centros de producción dentro de sus propias fronteras.
Tesla tampoco ve con buenos ojos al nuevo presidente, que durante la campaña anunció su intención de reducir las subvenciones a los coches eléctricos, lo que impondría un aumento en el precio de sus modelos importante.
Cómo afecta Trump a las marcas europeas
La mayoría de las marcas europeas también han sufrido caídas tras la elección del nuevo presidente, especialmente BMW, con descensos de casi el 2% debido a que se encuentra en pleno proceso de construcción de su nueva factoría en San Luis Potosí, México, que debería estar finalizada en 2019 y en la que hay una inversión de 2.200 millones de euros.
El grupo Volkswagen también cuenta con fábricas en Puebla y con fuertes inversiones de ampliación para la producción de modelos como el Audi Q5 eléctrico, lo mismo que Mercedes-Benz, de modo que también se ven seriamente afectadas.
Otro factor negativo de la elección de Donald Trump como presidente de los EE.UU. es su intención de dinamitar el acuerdo sobre el programa nuclear iraní. Irán es un importante mercado para marcas como Renault o PSA (Peugeot, Citroën y DS), que representa nada menos que el 15% de sus ventas mundiales. De romperse este acuerdo sus ventas se podrían ver afectadas, lo que supondría importantes pérdidas económicas.
Fuente: Autonews



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