En verano se concentra el mayor número de accidentes de tráfico: el aumento en el número de desplazamientos, los conductores inexpertos, despistes y fatiga son elementos que influyen de forma notable en las posibilidades de que tengamos un accidente.
Comienza el periodo de vacaciones para la mayor parte de los españoles, además se une el gran número de vehículos del centro de Europa que nos atraviesa para llegar a sus países de origen. Esta es una combinación perfecta para que se produzcan accidentes, concentrándose en este período el 91% de los siniestros analizados en los estudios.
Fesvial quiere mostrarnos diferentes factores y conductas, no reglados, relacionados con el ser humano, que se encuentran detrás de muchos accidentes de tráfico. Estos no son elementos como el cinturón de seguridad, la velocidad, el alcohol, las drogas o el móvil, difundidos desde las administraciones y otras instituciones concienciando de sus riesgos.
Los datos oficiales reflejan que, en los últimos diez años, durante los meses de junio, julio, agosto y septiembre, se registraron 9.251 personas fallecidas en accidentes de tráfico; 444.783 resultaron heridas y, de las cuales, unas 45.000 sufren secuelas permanentes.
Estos son factores o situaciones que debemos tener en cuenta, además de las medidas de seguridad regladas:
– Viajes en grupo. En verano es frecuente realizar desplazamientos con familiares y amigos en varios vehículos. Cuando se da este caso, es frecuente que las conductas innapropiadas aumenten, por ejemplo, adelantamientos precipitados para intentar ir lo más juntos posible. Siempre podremos circular a ritmo similar, pero no existe necesidad de ir todos juntos constantemente.
– Horario de ruta. Es un error muy frecuente medir los trayectos en tiempo y no en kilómetros, poniéndonos una hora fija de llegada al lugar de destino. Si esta previsión no se cumple, los conductores tienden a incrementar sus conductas de riesgo, aumentan la velocidad e intentan realizar adelantamientos más arriesgados.
– Los momentos de mayor riesgo. Es importante conocer que el mayor riesgo de sufrir un accidente de tráfico son las salidas vacacionales, debido a la fatiga con la que muchas veces se comienza el viaje. Especialmente peligrosos son los últimos kilómetros del trayecto. Esto se debe a la acción acumulada de la fatiga y hechos, que pocas veces son mencionados, como el aplazamiento de necesidades fisiológicas hasta llegar al destino. Esto aumenta el estrés y precipita conductas de riesgo.
– Alerta del conductor y fatiga. En un estudio realizado a 200 conductores, a los que se le pusieron electrodos para medir su actividad cerebral mientras conducían, se descubrieron varios detalles como que un conductor fatigado duplica el número de distracciones, aumenta su tiempo de reacción, comete más errores y mira los retrovisores y señales de tráfico cuatro veces menos que un conductor descansado.
Debemos alertarnos, si conduciendo, notamos que nos vamos hacia el centro de la carretera, nos movemos mucho en el asiento, se nos duermen los brazos, cambiamos la velocidad de manera innecesaria, notamos picor en la cabeza o no recordamos lo que ha pasado en los últimos kilómetros. Esto son síntomas claros y evidentes de que nos encontramos fatigados. Lo siguiente será el accidente.
– Hora de mayor peligro de accidente. Debemos evitar conducir entre las dos y las cuatro de la tarde y durante la noche. Entre las dos y las cinco de la madrugada y al amanecer, es cuando la posibilidad de sufrir un accidente es mayor. Los accidentes nocturnos suelen ser más graves que los diurnos, en parte debido a la pérdida de un 70% de visibilidad y en parte al sueño. Además, el rescate en caso de siniestro, es más complicado.
– Objetos peligrosos en los asientos. Llevar en nuestro asiento un respaldo de bolitas, un cojín, una toalla, etc. puede ser mortal. Estos elementos favorecen el denominado “efecto submarino”: el conductor o pasajero pierde el apoyo con el asiento, deslizándose bajo el cinturón y estrellándose contra el salpicadero o el espacio de los pedales, obteniendo como resultado graves lesiones de espalda, pelvis, fémur y heridas internas de gravedad, lo que ocasiona los fallecimientos más dolorosos.
Tampoco debemos llevar la ventanilla del coche a medio abrir, en caso de accidente, el cristal puede convertirse en una guillotina mortal.
– Los peligros de los atascos y las retenciones. Es importante saber y prever que los estos generan mucho estrés en los conductores, alterando la atención y se potencia notablemente la agresividad. El momento de mayor riesgo se produce cuando se acaba la retención, cuando la velocidad se dispara porque los conductores quieren recuperar el tiempo perdido.
– Riesgo de ponerse en cinturón en marcha. Según la OMS, el invento del cinturón es comparable a la vacuna. Este sistema de retención se ideó para ser manipulado con el coche parado. Ha sido comprobado que una de las causas más frecuentes de accidentes de tráfico, inexplicables por distracción y pérdida de control del vehículo, es ponerse el cinturón en marcha o intentarlo precipitadamente cuando vemos a la Guardia Civil o la Policía. No debemos olvidar que una distracción a 120 km/h significa recorrer 33 metros cada segundo y el impacto es como caer desde un 16º piso.
– Discusiones al volante. Muchos estudios reflejan que las situaciones de fuerte estrés como un divorcio, la pérdida de un ser querido o un despido laboral, pueden duplicar la posibilidad de tener un accidente grave. También sabemos que discutir durante la conducción supone un grave riesgo: altera la atención, incrementa el estrés y la agresividad, aumenta el tiempo de reacción y puede disminuir nuestra percepción del entorno en más de un 50 %.
– Atención al vehículo que nos precede, siempre alerta. En las grandes salidas vacacionales, las retenciones son frecuentes y ello da lugar a alcances en cadena que, en ocasiones, llegan a ser brutales. Pudiendo ser muy graves si no se lleva correctamente el reposacabezas. Un golpe a 50 km/h ejerce una fuerza sobre nuestro cuello de 180 a 300 kg.
El “efecto mirón” ante un accidente o avería suele ser otro desencadenante de alcances. También los frenazos, de los vehículos que nos preceden, al ver un radar o una patrulla de la Guardia Civil es un gran factor de riesgo. El único modo de evitar estos accidentes es mantener una correcta distancia de seguridad.
– Carreteras secundarias. Tras el incremento de autovías y autopistas, los conductores desconocen los secretos y peligros de las carreteras de segundo orden. En este tipo de vías el número de riesgos aumenta y son impredecibles, por ello requieren un extra de atención y alerta. De los peligros presentes en las carreteras secundarias destaca el del adelantamiento, una maniobra que cada vez se conoce menos y que es extremadamente peligrosa. En un choque frontal a 80 km/h, el riesgo de muerte es de un 70 %. Un dato preocupante es que casi un 20 % de los conductores reconoce acelerar cuando otro conductor trata de adelantarles.
– Los conductores ocasionales. Este es un elemento peligroso del que poco o nada se habla. Aproximadamente sólo el 53 % de los conductores utilizan el coche a diario. Siendo un 41 % los que conducen de forma ocasional. Estos conductores tienen un 40 % más de posibilidades de tener un accidente, especialmente durante este periodo estival, debido a la falta de costumbre en el uso del vehículo y por su poca práctica en las situaciones de riesgo habituales del tráfico.
Fesvial quiere destacar la importacia de las carreteras inteligentes, coches inteligentes y otros elementos automáticos que nos simplifiquen la conducción, pero esto no servirá de nada si no tenemos conductores preparados.



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