
Según un estudio, los costes de una reparación en un vehículo equipado con sistemas de seguridad como sensores y cámaras pueden ser mucho más altos que en uno sin ellos. Os lo explicamos.
Los nuevos sistemas de seguridad instalados en los vehículos de nueva generación se han convertido en algo usual y que todo el mundo espera tener a la hora de hacerse con un coche nuevo. Sin embargo, lo que no todos piensan es si todos esos sistemas pueden suponer un gasto adicional a la hora de hacer una reparación.
Según un estudio realizado por AAA, el coste de una reparación de un accidente menor puede alcanzar el doble de precio por culpa de dispositivos como el frenado automático de emergencia, la advertencia de cambio de carril o el sensor de ángulo muerto. También hay que decir que gracias a estos sistemas, el número de colisiones de este tipo es menor, por lo que hay menos reparaciones.
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La ubicación de los sensores, propensos a recibir impactos, así como la necesidad de recalibración de los mismos en caso de chocar con ellos, puede suponer un sobrecoste de más de 2.600 euros a la hora de repararlo.
Hay algunos factores que pueden hacer variar este coste adicional: el tipo y ubicación del sensor o la marca y el modelo del vehículo son datos imprescindibles a la hora de calcularlo. El estudio tomó como ejemplos un Nissan X-Trail, un Toyota Camry y un Ford F-150.

Un impacto leve nos puede costar más del doble
Una colisión delantera o trasera leve (como las que podemos tener en un atasco o en un semáforo) en un vehículo con sistemas de seguridad puede costar al usuario más de 4.600 euros. Esto supone más del doble de desembolso que lo que costaría la misma reparación en un vehículo sin asistencias.
Los costes de reparación de los sensores de radar traseros en conjunto con el detector de ángulo muerto y el dispositivo de alerta de tráfico cruzado puede variar entre 750 y 1.800 euros. Todos estos precios se han cogido de las propias marcas de los vehículos que han sido estudiados.
Por otro lado, el coste de reemplazar un parabrisas con una cámara detrás del propio cristal puede ser hasta tres veces superior a uno que no la lleva. La culpa de esto son los precios de calibración de la cámara y la necesidad de que el cristal de fábrica cumpla con los estándares de seguridad para que tenga “claridad óptica”.
Nancy Cain, portavoz de AAA Michigan, afirma en un comunicado: “Los sistemas de seguridad avanzado son mucho más comunes hoy en día, y muchos vienen como equipo estándar, incluso en modelos básicos. Es fundamental que los conductores comprendan qué tecnología tiene su vehículo, cómo se desempeña y cuánto costaría repararlo si le sucediera algo”.
Por lo tanto, podemos decir que no es oro todo lo que reluce: los asistentes de conducción o ADAS son dispositivos que nos pueden ahorrar tener muchos accidentes pero, en caso de tenerlos, habrá que rascarse el bolsillo para que puedan volver a ser los guardianes que fueron.



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