
Conducir con resaca puede ser similar a hacerlo bebido o con fatiga, según advierte la Dirección General de Tráfico (DGT).
Todos tenemos interiorizado, o deberíamos, que conducir bebido es una temeridad, que pone en peligro nuestra integridad al volante y la del resto de usuarios de la vía. A esto hay que sumarle las multas e incluso la responsabilidad penal que podemos asumir si sufrimos un accidente tras una elevada ingesta de alcohol.
Lo que muchos no tienen asumido es que conducir bastantes horas después de una noche de fiesta regada con alcohol constituye también un acto peligroso. La Dirección General de Tráfico (DGT) se ha encargado de recordárnoslo a través de sus redes sociales.
Peores habilidades al volante con resaca
Según el organismo público, dependiendo del grado de alcohol consumido con anterioridad, conducir con resaca es comparable incluso a circular bajo los efectos del alcohol o haciéndolo fatigado.
A través de Twitter, la DGT pone sobre la mesa una serie de datos que apoyan su afirmación. Así, según Tráfico, cuando se conduce con resaca se sobrepasan los límites de velocidad cuatro veces más, la velocidad media se aumenta en 15 km/h y las infracciones causadas por saltarse un Stop y un semáforo se multiplican por 2.
Al mismo tiempo, las invasiones de carril se cuadruplican y la dificultad para conducir se duplica, lo que eleva el riesgo de sufrir un accidente grave y con una percepción del peligro más baja por parte del conductor, que no suele asociar la resaca con un descenso de las capacidades al volante.
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La DGT justifica esto haciendo referencia a las alteraciones físicas que sufre nuestro organismo tras la ingesta de alcohol y su posterior metabolización. Así, la actividad de nuestro cerebro se ralentiza hasta 16 horas después de desaparecer el alcohol del organismo (alteraciones neurológicas); aumenta nuestro ritmo cardiaco (alteraciones hemodinámicas); y se genera mayor cantidad de orina y deshidratación (alteraciones hormonales).
Como sabréis si alguna vez habéis tenido resaca, en nuestro cuerpo aparecen una serie de síntomas, como dolor de cabeza, falta de apetito, diarrea, temblores, fatiga, náuseas o alteraciones visuales-espaciales, cuya gravedad depende de la cantidad de alcohol que se ha tomado y el tipo de persona.




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