Donald Trump ha comenzado su legislatura como presidente de los Estados Unidos de América con una decisión polémica: cesar el mandato del coche eléctrico "para que el cliente sea libre".

Hace poco que Donald Trump ha tomado posesión de sus cargos como el 47º presidente de EE.UU. Sin embargo, al norteamericano le ha sobrado tiempo para sembrar la polémica sobre uno de los sectores más importantes, económicamente pesados y, por ende, estratégicos del país que ya lidera por segunda vez: hablamos de la industria automovilística. En esencia, el nuevo líder nacional ha firmado órdenes ejecutivas que ponen fin al mandato de los vehículos eléctricos a fin de promover una “verdadera elección del consumidor”.

Adiós a los objetivos de cuota BEV en 2030 y, quizá, a la ayuda a la compra del coche eléctrico

Tras su investidura, lo primero que ha hecho Trump es detener el impulso de algunas políticas progresistas que, promulgadas por Joe Biden (a quien sustituye en la Casa Blanca), fomentaban la compra de vehículos eléctricos o BEV mediante subvenciones estatales y créditos fiscales federales, entre otras cosas, a fin de renovar el parque móvil nacional con una flota, en teoría, más ecológica. Este mandato, según el nuevo presidente, alejaba al cliente de poder escoger libremente su compra y al mercado (en general) de poder seguir una evolución más natural.

Así, Trump estaría considerando eliminar unas “injustas” ayudas económicas a la adopción de esta clase de automóviles, al tiempo que ya ha ordenado suspender la financiación de una red nacional de cargadores públicos para BEV. El cese de estas iniciativas, relativamente jóvenes, descarga de un gran reto a la industria del motor en EE.UU., aunque es probable que ya sea demasiado tarde. Lo que es seguro es que conllevará una serie de consecuencias con efectos todavía difíciles de prever en un sector tan relevante.

Las matriculaciones de Tesla en el primer trimestre del año han descendido.

Las consecuencias de poner fin al mandato de los BEV y un choque con Elon Musk que no es tal

En primer lugar, el “pisoteo” de Trump al mandato de los eléctricos, bajo el argumento de una distorsión (e imposición) que favorecía comercialmente a un determinado tipo de sistema de propulsión, significa que EE.UU. ya no aspira a contar con un 50% de ventas de coches nuevos 100% eléctricos en 2030, si bien esta meta nunca fue legalmente vinculante. Sin embargo, no son pocos los fabricantes, incluido General Motors, Ford o la parte “yanqui” de Stellantis, que ya habían apoyado esta idea con grandes inversiones de dinero y otros recursos.

La idea de que promover una verdadera elección del consumidor es clave para el crecimiento económico y la innovación o de que las exenciones estatales de emisiones sirven para limitar las ventas de automóviles térmicos podría haber molestado a Elon Musk, dueño de Tesla (que sólo fabrica coches eléctricos) y principal donante de la campaña electoral de Donald Trump. La realidad es que el famoso emprendedor no ve mermado su negocio, pues en ningún caso se prohíbe y, además, seguirá sacando alto rédito de la compraventa de derechos de emisiones.

Cabe recordar que Tesla es líder mundial en el mercado BEV y que varios estados de EE.UU. con legislación propia van a seguir apoyando la transformación tecnológica y “sostenible” del sector. California, por ejemplo, es una de las regiones que, muy probablemente, no vayan a ver afectadas su evolución y transición hacia la total electrificación del parque móvil. No obstante, Norteamérica es vasta y eminentemente rural (sólo tres de cada diez habitantes viven en una gran ciudad), motivo por el que la gasolina seguirá dominando.

Comentarios

User Icon

Escribir comentario

0 / 30.000 caracteres