Este concept retoma el gusto por la ostentación de los miembros más distinguidos de la sociedad de los años 20 y 30 del siglo pasado.


Los «landaulet», o automóviles «landau» se diferencian de los cabriolet por mantener una mayor proporción de la carrocería original, hasta el punto de conservar su perfil de berlinas. Esa es la norma estilística seguida por los diseñadores de Maybach, que han tomado como base el modelo 62 –es la variante larga– para construir el Landaulet Study, anticipo de lo que podría ser una corta serie de 20 unidades por la que muchos multimillonarios ya se han interesado. Los ingenieros suprimieron la mitad posterior del techo de acero para ubicar en su lugar una gruesa capota de lona negra, que se quita o se pone eléctricamente en sólo 16 segundos y que sólo permite disfrutar del cielo a los ocupantes de la segunda fila.
A éstos, verdaderos privilegiados con innegables deseos de ostentación, les bastará con dar la orden al chófer, pues el techo se acciona mediante un botón situado en el puesto de conducción. Como corresponde a un vehículo de estas características, la parte delantera queda claramente separada de la trasera mediante una mampara fija que soporta dos pantallas, el cargador de CD, un refrigerador con su propio compresor eléctrico y el mueble del climatizador. Sobre ella, además, un vidrio que sube o baja a voluntad de los pasajeros y que puede pasar de transparente a opaco con sólo pulsar un botón que aclara u oscurece el cristal líquido.
Y al margen de la separación física entre la zona «de trabajo » y el «salón», los diseñadores han marcado otra frontera, pues si la primera fila está tapizada con piel negra, la segunda se reviste con un refinado cuero blanco –a juego con el llamado «Blanco Antigua» de la pintura exterior y de las llantas– y con una gruesa moqueta de tono similar. Como colofón, marquetería negra lacada por todas partes y una dosis suficiente de apliques dorados.
El 
En cuanto a la mecánica, se toma como base la versión 62 S, que comparte con el 57 S –bien conocido por nuestro Rey Juan Carlos tras unos meses de uso– el V12 de seis litros de cilindrada, que entrega 612 CV entre 4.800 y 5.100 vueltas gracias a la acción de dos turbocompresores. Y el par máximo tampoco deja indiferente: 102 mkg constantes entre 2.000 y 4.000 revoluciones por minuto, lo que asegura un empuje progresivo desde bajo régimen.
El resto de los ingredientes técnicos provienen también del 62 S, como la suspensión Airmatic DC de control electrónico o los dos sistemas de frenos electrohidráulicos Sensotronic SBC –con discos ventilados en ambos ejes–, que trabajan en tándem. Y, por supuesto, estabilizador ESP, control de tracción ASR o servofreno BAS entre los diversos sistemas de seguridad activa que asisten al usuario. O, mejor dicho, al chófer. Ahora sólo falta esperar a que el Landaulet se convierta en coche de producción.
Comentarios
Escribir comentario