El nuevo Chrysler Sebring propone un compromiso entre precio, tamaño y equipamiento difícil de igualar y en su variante diésel recurre al archiconocido, y«archieficaz», motor 2.0 de origen Volkswagen, brioso y de bajo consumo.
El nuevo Chrysler Sebring propone un compromiso entre precio, tamaño y equipamiento difícil de igualar y en su variante diésel recurre al archiconocido, y«archieficaz», motor 2.0 de origen Volkswagen, brioso y de bajo consumo. No obstante, para disfrutar de sus 140 CV y conducir una amplia berlina podemos acudir directamente al Passat, que implica un coste extra, pero presenta un nivel de calidad superior.
ELcomprador habitual de berlinas con motor diésel está de enhorabuena. A la extensa oferta de modelos europeos y japoneses se están sumando últimamente productos que hace pocos años no habrían pasado de «exóticos», pero que ahora aparecen como alternativas lógicas y, por tanto, recomendables. Hablamos, por ejemplo, de los coreanos Hyundai Sonata y Kia Magentis, pero también de vehículos con sello americano, como el Chevrolet Épica –también fabricado en Corea, por cierto–.
Otro tanto sucede con el nuevo Sebring, primer sedán medio de Chrysler equipado con un motor de gasóleo, que acaba de iniciar su comercialización en España y propone argumentos que, a priori, convencen: carrocería de gran porte, mucho equipamiento por poco dinero, mecánica de probada solvencia… Y es que en DaimlerChrysler, como ya sucedió con el Dodge Caliber, han recurrido al motor TDI de dos litros con alimentación por bomba/inyector que el grupo VAG, su creador, utiliza en muchos de sus productos. Entre ellos, el Volkswagen Passat, al que el Sebring planta cara. De ahí que hayamos dispuesto esta prueba comparativa, con el motor diésel de 140 CV como denominador común.
Si el Passat es un coche de dimensiones generosas –4,77 de longitud y 1,82 de ancho–, el Sebring va aún más allá, pues mide 4,85 de longitud y 1,84 de ancho, cotas que le sitúan al nivel de la Serie 5 de BMW, perteneciente al segmento inmediatamente superior. Eso garantiza un interior de amplitud notable, capaz de albergar a cinco adultos. No obstante, el aprovechamiento del espacio es mejor en el Passat, pues hay algún centímetro extra de anchura y de hueco para las piernas en la segunda fila. Además, el maletero del último Chrysler no es brillante, pues los 394 litros anunciados son poco para un coche tan voluminoso. Es suficiente para el equipaje normal de una familia, pero «más suficiente » resulta el del Passat, con 485 litros; y 565 si en lugar de la rueda de repuesto –de emergencia, como en su rival– pedimos, sin sobreprecio, el kit de reparación de pinchazos, de practicidad discutible.
Pero el Volkswagen también supera al Chrysler en robustez «apreciada»; es decir, parece mejor hecho. Y eso que esta generación se nos antoja menos sólida que la anterior –si golpeamos con los nudillos todo suena más hueco–. Pero no hay piezas mal ajustadas, ni rebabas, mientras que el modelo de Chrysler propone materiales algo peores y no presume de un ensamblaje perfecto. Nada tiene que ver esto con el aspecto, pues el Sebring «funciona » visualmente, sobre todo en la versión Limited probada, con tapicería de piel, plásticos de tono crema e inserciones símil madera. El Passat, por contra, es más sobrio, más «alemán », aunque la lista de opciones permite personalizarlo… a golpe de talón. Porque si hablamos del capítulo económico, el Sebring recupera terreno en este duelo: el acabado Limited implica un precio de 27.800 euros, 2.660 menos que el Passat Highline.
Y de serie monta un climatizador de dos zonas con salidas regulables para las plazas traseras –de una zona y sin toberas ajustables en el Sebring–, así como encendido de luces automático y sensor de lluvia. Amplitud, equipamiento… En el repaso del interior nos queda hablar de funcionalidad o de confort. Los dos coches tienen respaldo abatible por partes, pero el Chrysler incorpora respaldo del acompañante delantero abatible, un buen detalle a la hora de cargar objetos largos o de necesitar una mesa. Además, el portavasos doble ubicado entre los asientos es térmico, con modos «calor» y «frío» que mantiene estable la temperatura de las bebidas.
Y en lo que se refiere a los frenos, notable para el alemán y bien para el americano, al que los pesos extra le llevan unos metros más allá antes de detenerse. Como conclusión, el Passat parece un conjunto más equilibrado, pues gana en amplitud, terminación, confort y agrado de conducción. Sin embargo, la enorme diferencia de precio –sobre todo si tratamos de igualar el equipamiento de ambos– obliga a pensar en el Sebring como opción más racional, ayudado de manera determinante por el eficaz motor de Volkswagen.
Comentarios
Escribir comentario