¿Un museo de coches en un puente? En Zaragoza, lo tienes. Se llama Mobility City y, en el momento en que lo hemos visitado, su exhibición temporal “Los Superclase que cambiaron la historia” es efímera, pero imperdible para un aficionado.

Lo confieso, el coche que más me ha impresionado del Mobility City es un Bugatti. Dirías que es normal, porque en su momento el Bugatti Veyron que allí se expone fue el coche de serie más rápido del mundo, con más de 400 km/h de velocidad punta. Pues no, os equivocáis. A su lado descansa de muchas galopadas un Bugatti T37-A, la evolución del legendario Bugatti 35, el coche de Gran Premio que arrasaba en los años 20. Puede que sus 90 caballos te parezcan pocos, pero casi han pasado cien años desde eso. Entonces, las carreteras no eran sino caminos polvorientos o empredados en el mejor de los casos. Los frenos eran gigantes, pero de tambor, y puedo dar fe de lo poco que frenaban. Y he podido comprobar lo mucho que puede correr ese coche con un motor 1.5 y compresor. Quizá suenen a poco -al contrario que sus escapes libres-, esas características que puedes encontrar hoy en un Golf TSI, pero piensa que también la Fórmula Uno actual tiene unas limitaciones similares.

Personalmente, me quedé embombado con la placa que lucía el T37 por haber disputado recientemente la legendaria y renacida Mille Miglia y, sobre todo, la pegatina de la minúscula visera que hace de parabrisas, esa que dice que la ITV es válida hasta 2023. Su logo esmaltado lucía inmaculado, justo lo contrario que el mismo emblema en el Veyron, que había perdido su color, quizá de tanto frotarlo para quitar mosquitos.

Este Bugatti de 1927 es uno de los coches más impresionantes de la muestra.Este Bugatti de 1927 es uno de los coches más impresionantes de la muestra.

Sin embargo, esto quiere ser una muestra de la movilidad, de evolución, de historia. Una de las larguísimas paredes de esta muestra lineal hace un recorrido que arranca en la rueda y pasa por los principales artefactos que la humanidad ha inventado para desplazarse más lejos, más rápido, más confortable. Obviamente, solo se trata de fotografías. En cambio, siguiendo este esquema de proyección hacia el futuro se pueden ver bicicletas tan modernas, como galácticas, sin cubo de rueda, como si las ruedas flotaran. Es la misma invención con que el suizo Sbarro llenó salones del automóvil durante años con diseños delirantes. Siguiendo hacia el futuro, una maqueta de un dron para transporte de personas ocupa el lugar en que estuvo el dron auténtico durante la visita inaugural del Rey Felipe VI, junto a una proyección del proyecto Hyperloop.

Varios coches eléctricos emergen en Mobility. En su mayoría se trata conceptos, cedidos por fabricantes de coches, suministradores o empresas de ingeniería. Dos de ellos son dos demostradores técnicos, uno cedido por BMW, otro por Stellantis -lógico, en Zaragoza se produce el Opel e-Corsa-, con los que queda claro que el coche eléctrico no es sino una batería sobre la cual se construye un coche.

Una exposición de coches que no te puedes perder

Un Aston Martin DB5, el coche de James Bond, está expuesto Mobility City.Un Aston Martin DB5, el coche de James Bond, está expuesto Mobility City.

Tengo que volver a la parte de pago de esta exposición, la colección de coches de todos los tiempos. No es importante por numerosa, sino por selecta. Allí te podrás lucir con tus amigos. Podrás explicar que el Dino GT se hacía en la fábrica de Ferrari, pero que no era un Ferrari. O sí, porque era obra de Alfredo Ferrari: Alfredino, Dino. Pero claro, aunque fuera la creación del hijo de Enzo ¿cómo iba a permitir que se llamara Ferrari un coche que no llevaba un motor V12, sino un “pequeño” V6? Si volvemos a las referencias de la F-1, también hoy son así los Ferrari.

Cuando tus acompañantes lean que el Aston Martin era el coche de Bond -y ahora conocen la marca Aston Martin por Fernando Alonso- tu podrás contar que lo importante son dos pequeñas siglas sobre el capó: Superleggera. Y ahí depende de ti, cómo cuentas que, antes del tuning, los ricos de mediados del siglo XX encargaban a carroceros que vistiesen sus coches. Y que en Italia, la empresa Touring creaba un armazón de tubos superfinos de acero como estructura para fijar unas aerodinámicas formas realizadas en aluminio. Su estética y su ligereza garantizaron el éxito de la empresa durante décadas, carrozando para muchas marcas de automóviles.

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Podrás explicar que las llantas de radios Borrani que luce el Aston DB5 aún se fabrican y que mucho antes famosos pilotos de Auto Union como Stuck, Nuvolari o Rosemeyer ya las usaban.

Ah, ¿que no saben quién era Rosemeyer? Te podrás lucir, otra vez, contado que era uno de los Verstappen de antes de la Segunda Guerra Mundial. Falleció tratando de batir un récord de velocidad en autopista que había establecido unos días antes Mercedes, a bastante más de 400 km/h. Sí, hace unos 90 años, mucho, mucho antes que este Veyron que acabábamos de ver….

Y fue un golpe de viento, no un fallo de las ruedas de radios, lo que truncó durante años la persecución de récords de velocidad máxima en automóvil.

Fabricantes como Michelin aún producen a día de hoy esos neumáticos “clásicos”, con las formas y dibujo que lucen estos clásicos.

De pronto, te ves explicando -pues se ven a través de los radios- que los frenos de discos eran una modernidad en ese momento. Hacía ocho o nueve años que se usaron por primera vez, en Le Mans, y los discos eran una invención de Dunlop. Sí, los uso un Jaguar Tipo D, y arrasó. Tanto, que todos los coches de carreras empezaron a usarlos. Luego, los deportivos. Hoy, hasta el Twingo.

No sabes cómo, pero levantas la cabeza y, como si estuviera preparado para tu discurso, en una esquina, escondido tras un Fórmula E de Jaguar, ahí está: ¡un Jaguar Tipo D! En sus llantas se lee Dunlop. Lleva neumáticos de Dunlop. Cuánto detalle. Por supuesto, con su tuerca central de competición, “con mano”, específicas para derecha o izquierda, para que se autoaprieten al girar.

Sí, son un puñado de coches, pero si te gusta el automóvil, vaya si vale la pena la visita. Uno los primeros triciclos de Daimler, “el primer coche”, posa al lado del Mercedes 300 SL, con sus puertas como alas de gaviota. De Ford también se muestra “su primer coche”, junto a una maqueta 1:1 de un coche de Ford concebido para videojuegos. Podrás ver el Porsche 356 que nació de un Beetle o el modelo de Hispano Suiza al que Alfonso XIII permitió que pusieran su nombre.

El triciclo de Daimler y el Mercedes 300SL posan juntos en Mobility City.El triciclo de Daimler y el Mercedes 300SL posan juntos en Mobility City.

No he terminado de contarlo, pero el Bugatti que más me impresionó no fue el Veyron, ni el 37, sino un inmaculado Baby I, réplica del Bugatti 35 a escala de un niño. Nunca había visto uno que parecía a estrenar. Nada de pedales, su propulsión era eléctrica, y nos recuerda que con el coche eléctrico empezó todo. El vehículo eléctrico no solo fue taxi, durante bastante tiempo fue más popular que aquél coche que estaba llenando las calles de explosiones y de humo, que solo tenía dos ventajas: mucha energía con poco peso, y un petróleo abundante y barato, que salía con solo taladrar en suelo. Esta última ventaja se está perdiendo, y ruido y humos están haciendo el resto para el cambio en la movilidad.

¿Quién paga esta fiesta? Para la colección hay entradas a 10 euros, visita que se completa con conducción de simuladores y una experiencia de realidad virtual. Otra parte de la visita es gratuita. Allí se encuentran vehículos cedidos por alguna marca concreta, como el concepto que da origen al novedoso Volvo EX90 -ya agotada su producción de un año completo-, o el Hyundai Nexo con pila de combustible de hidrógeno, que lleva un tiempo a la venta. Grandes suministradores como Antolin, primer fabricante mundial de interiores para coches, con sede en Burgos, explican un futuro con materiales como corcho, bambú o piedra. Quien solo quiera pasear sin pagar, podrá disfrutar de arquitectura viva: cómo la pasarela semi-abierta creada por la fallecida arquitecta de fama mundial Zaha Hadid, el “Pabellón Puente” de la Expo del Agua 2008, ha sido reconvertido la Fundación Ibercaja en un futurístico espacio con recubrimientos al abrigo del agua y del cierzo.

Mobility City no cuenta con fondos propios, sino que la mayoría de los ejemplares son cesiones temporales (la actual, hasta junio, salvo prórrogas). Lo que no quita ni relevancia, ni pertinencia a los vehículos que aquí se han reunido. Un museo vivo, pero con una temática tan abierta que, con selectas piezas discretas, puede convertir Mobility City en un museo infinito, como parece que sugiere su logotipo. La primera entrega, ya le hemos devorado.

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