

Treinta años dan para mucho, más en el mundo del automóvil. Por eso cogemos a una de las referencias de finales de la década de los 90, el Mégane I y lo ponemos al lado de último Mégane E-TECH para hacer un repaso a los cambios que ha sufrido el sector en estas tres décadas.
En 1994 Renault cambió las reglas del juego presentando al sucesor del Renault 19: el Mégane. Un modelo que ofrecía una idea innovadora dentro del segmento de los compactos generalistas al proponer multitud de carrocerías para así elevar sus ventas. Y vaya si lo hizo pues enseguida se colocó como uno de los compactos más exitosos del mercado. Pero los tiempos cambian y ahora casi 30 años después tenemos en el mercado dos Mégane diferentes, uno que correspondería con su cuarta generación y otro con el E-TECH con el que la firma del rombo ha iniciado su Renaulution pues supone el punto de partida de la nueva estrategia eléctrica de la marca, hasta el punto de que este nuevo Megáne es 100% cero emisiones.
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Dado que hace pocos meses que probamos el Megane E-TECH en profundidad lo que hoy vamos a ver es cómo ha evolucionado el mercado a lo largo de estas tres décadas tanto en diseño como conectividad, eficiencia y seguridad, todo a través de un modelo de renombre como es el compacto francés. Por cierto, antes de seguir, espero que no seáis muy críticos con el estado del Mégane original pues su propietario lo emplea casi de manera exclusiva para dar paseos con sus mascotas.
Similares en tamaño

Empezamos por su silueta. Como veis poco o nada tiene que ver uno con otro. Solo tienen en común las líneas redondeadas de su diseño, más enfatizadas en el original que en último. Aquí me detengo para hablaros de cómo los SUV han hecho mella incluso en los compactos pues como veis el nuevo Mégane luce un aspecto algo más crossover. En cuanto a las dimensiones, curiosamente ambos son más o menos parecidos pues mientras que el original mide 4,13 metros el nuevo se queda en 4,20 m una vez que los diseñadores franceses han reducido dicha cota en 16 cm frente al otro Mégane, el IV, que todavía se sigue vendiendo. Dicho esto quiero que os centréis en dos detalles de esta zona: el primero los tiradores. Mientras que en el original no tienen siquiera asidero, en el nuevo se esconden para mejorar la incidencia aerodinámica. Y además los traseros se han incrustado en el propio marco de la ventanilla. Cuestiones de estética.
El segundo: las llantas. Esto daría para un reportaje al margen explicando cómo las llantas y las ruedas han ido aumentando desproporcionadamente hasta el punto de que en el nuevo Mégane calzamos unas de 20 pulgadas sobre neumáticos 215/45 R20 mientras que en el original tenemos llantas de acero con tapacubos de 13 pulgadas sobre gomas en medida 175/70. La diferencia además de por comportamiento es el precio, pues yendo a la misma marca los del Mégane I te costarán 84 € y los del nuevo, 153 euros.

Si nos vamos al frontal también hay, lógicamente, elementos que cambian. Empezando por la anchura, los coches de ahora son mucho más robustos como se percibe aunque sin estridencias ya que pasamos de los 1,70 metros del original a los 1,77 del nuevo. Dejando a un lado el diseño de cada uno que te puede gustar más o menos entramos ya en los detalles. Empiezo por el logo: de nueva factura y como mandan los tiempos modernos en un tramado bidimensional para ser más legible por los dispositivos electrónicos. El otro, la calandra: casi inexistente en los modelos antiguos (en la mayoría) y ausente en los eléctricos.
Y el último y más importante: las luces. En estas tres décadas hemos pasado de tener una iluminación convencional, con bombillas halógenas, a una avanzada de tipo LED, más eficiente energéticamente y con un haz mayor. A ello se han sumado las ya obligatorias Luces de conducción diurna que le dan personalidad a cada modelo e incluso hemos pasado de tener unos intermitentes también por bombilla a unos igualmente de LED con función dinámica.
Cambio de tendencia

Ya que estamos en la estoy aquí vamos a abrir los capós para hablaros de un punto importantísimo: las mecánicas. Porque este es el gran salto evolutivo que ha dado el segmento pasando de propulsores de gasolina y/o diésel a electrificados o 100% cero emisiones.
El del Mégane I es un bloque de cuatro cilindros atmosférico con 1,6 litros de cilindrada que genera 90 CV a 6.000 rpm y 137 Nm de par a 4.000. Se combina con una caja manual de cinco relaciones (no había posibilidad de automática) y acelera de 0 a 100 km/h 11,5 segundos alcanzando una punta de 184 km/h. En cuanto al consumo, homologa 7,4 l/100 km en ciclo mixto. Ofrece un funcionamiento remolón en bajas y demasiado sonoro en altas.
En cuanto al Mégane E-TECH tenemos un eléctrico síncrono de 220 CV (160 kW), aunque hay otro 130 CV, con 300 Nm de par instantáneos y una transmisión de una sola velocidad. Tarda 7,4 segundos en acelerar y alcanza los 160 km/h. Homologa 16,1 kWh/100 km lo que nos da para entrar en el siguiente aspecto importante: la autonomía.
Con el Mégane original y haciendo caso del oficial podrías recorrer hasta 810 km sin parar gracias a los 60 litros de depósito, justo el doble que marca ahora la autonomía oficial del E-TECH que son 450 km. A ello súmale los tiempos de espera porque en llenar esos 60 litros tardas menos de 3 minutos mientras que para tener el 80% de los 60 kWh de capacidad de la batería necesitas más de una hora en tomas en CC de 130 kW. La ventaja, que incluso yendo a la compañía más cara en cargas, cubrir 100 km te sale más barato con el eléctrico.
Mejoras en seguridad
Antes de entrar en los habitáculos, quiero comentaros algo sobre el apartado de la seguridad ya que el Mégane I únicamente tiene reseñable el ABS, Airbag y poco más mientras que el elenco del nuevo E-TECH está formado por:
- Alerta de ángulo muerto
- Control de velocidad de crucero adaptativo
- Sensores de aparcamiento
- Asistente de luces de carretera
- Frenada de emergencia en ciudad
- Detector de fatiga
- Faros LED adaptativos
- Reconocimiento de señales de tráfico
- Realidad aumentada
- Alerta de colisión trasera
Evolución interna

De puertas para dentro seguimos encontrando, como era de esperar, evoluciones aunque algunas sorprende lo rápido que han llegado. Vamos por orden. Lo primero a destacar, la digitalización del salpicadero con cuadros de instrumentos que han dejado de lado los diales analógicos y las agujas para proponer una pantalla configurable. A su lado, los sistemas multimedia que dejado de ser un casette con autorreverse como en el caso del Mégane I a incrustar sistemas operativos como Android Automotive o sincronizar tu móvil
El volante también ha evolucionado (o involucionado según lo veas) pues en algunos coches ya no es redondo sino como en el Megane E-TECH, achatado. Además cuenta con más mandos incrustados aunque en el caso de Renault se mantienen los botones satélite para la radio. Más detalles, el bombín de la llave se ha sustituido por un botón de arranque mientras que la caja de cambios en este caso ha pasado de estar en la consola central a situarse en la columna de dirección.
En lo que a confort climático se refiere ya es raro que no encuentres un coche con sistema dual de climatización cuando antes todo era por ruedas y con la misma temperatura para todos. Además, los huecos portaobjetos se han incrementado siendo algunos tan destacados como el relativo a la carga inalámbrica para los móviles. Si nos ceñimos a la calidad percibida la evolución en estos 30 años es notable pues modelos como el Megane E-TECH cuentan con materiales reciclados. Por cierto, si hablamos de elementos como los retrovisores no solo tenemos ajuste eléctrico para los exteriores sino que el interior ya cuenta con cámara.

En lo que respecta a la habitabilidad y el confort, el Mégane de hace tres décadas destacaba por un amplio espacio en la zona trasera y ahora con la electrificación, pese a ser coches algo más compactos, los ocupantes traseros cuentan con un bueno hueco para las rodillas y para la cabeza. Entrando en detalles, los elevalunas han dejado de subirse por manivela para ser automáticos mientras que en la zona central tenemos tomas de aire e incluso puertos USB. Sin salir de la seguridad, todos los coches cuentan ya con anclajes ISOFIX para las sillitas infantiles.
En cuanto a los maleteros, ninguno tiene apertura eléctrica lo cual tampoco es negativo en el nuevo ya que te ahorras dinero si se estropea. Sea como fuere vamos a lo importante: la capacidad. En el Mégane I teníamos 348 litros que era una muy buena cifra para aquellos tiempos y sobre todo para esta longitud. Sus formas son regulares y la verdad es que cabe bien todo. Además, como os comentábamos antes el dueño lo emplea para llevar a sus mascotas y lleva anclada la rejilla correspondiente. En cuanto al Megane E-TECH tiene 390 litros que también es una capacidad a resaltar dada su longitud pues mejora incluso en 5 litros a la del Mégane IV con más tamaño. También es bastante uniforme y, eso sí, tiene un doble fondo para guardar los cables. De lo que no hay rastro ya en los coches modernos es de la rueda de repuesto, que sí venía de serie en los de hace tres décadas.
En definitiva

Llegamos al final de esta comparativa histórica entre dos modelos que se llaman igual pero que en realidad son completamente diferentes. Un fiel reflejo de cómo ha cambiado la vida en estos casi 30 años y que se traduce no solo en el apartado estético (te gustará más o menos) sino también en el digital, de construcción y de habitabilidad, sin obviar claro el avance mecánico que estamos viviendo con un sector que tiende a las neutralidad.
Pero todo ello hay que pagarlo y la diferencia es significativa. Quitando inflaciones y demás variables, la realidad es que por el nuevo Mégane E-TECH te vas a tener que gastar como mínimo 36.600 euros que en el caso de esta unidad llega a los 49.700 euros de inicio. Es decir, es casi 35.000 euros más caro que el Mégane I que en su momento le costó al propietario 2,5 millones de pesetas, es decir, 15.000 euros. Como hemos dicho no tiene toda la carga tecnológica ni de seguridad e incluso de innovación, pero 35.000 euros de diferencia son muchos.



Comentarios
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Me quedo con la primera generación del Megane. Al menos, era un coche de verdad.